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¿Por qué algunos pacientes no mejoran en terapia?
Una mirada desde ACT

Una reflexión clínica desde la Terapia de Aceptación y Compromiso sobre cómo evaluamos el progreso terapéutico.

En este artículo exploramos cómo la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) replantea la idea de “mejoría” en psicoterapia, especialmente en casos donde el paciente sigue experimentando malestar, pero ha logrado cambios conductuales valiosos.

Cuando un paciente “cumple”, pero no cambia

En la práctica clínica existe un perfil de paciente que genera una incomodidad particular: el que cumple. Asiste a sesión, realiza las tareas, desarrolla conciencia sobre sus patrones. Y sin embargo, no cambia. O cambia poco. O mejora y recae.

Frente a ese escenario, la primera reacción del clínico suele ser diagnóstica: resistencia, baja motivación, comorbilidad no tratada. Pero hay otra lectura posible, menos visible y más incómoda: el problema puede estar en el objetivo terapéutico que se ha establecido.

El problema del criterio de éxito terapéutico

Si el criterio de éxito es la reducción o eliminación del malestar emocional, entonces cualquier paciente que continúe experimentando ansiedad, tristeza, miedo o incertidumbre seguirá siendo, por definición, un paciente que “no ha mejorado”. Aunque haya cambiado su conducta. Aunque su vida sea diferente.

Lo que ACT propone frente a esta lectura

La Terapia de Aceptación y Compromiso propone un reencuadre: el objetivo no es que el paciente sienta menos, sino que el malestar deje de determinar lo que el paciente puede o no puede hacer. La diferencia no es semántica. Tiene implicaciones directas en cómo se estructura el caso, cómo se evalúa el progreso y qué se le pide al paciente en cada sesión.

Por qué esta distinción importa en la práctica clínica

Este cambio de perspectiva no invalida otros modelos. Pero exige que el clínico revise, con honestidad, qué está midiendo cuando dice que un paciente mejora.

En IPSICOC exploramos estas preguntas en nuestra formación continua en ACT, porque consideramos que el rigor conceptual del terapeuta es un factor de cambio tan relevante como la técnica.